¿Un nuevo álbum de familia?

Foto: Ricardo AntunezURUGUAY2012

Cuando decimos álbum de familia nos referimos a un género cuya función principal es la celebración de los lazos familiares (*) . Este uso de la fotografía se materializaba en colecciones que se ordenaban en librillos o se reunían en cajas donde podían ser revisitadas. Desde hace algunos años aquellas fotos impresas han sido sustituidas por un aluvión de imágenes digitales. Otros cambios han ocurrido, por ejemplo, en la participación de los miembros de la familia como productores del álbum. Los jóvenes y los niños aportan hoy sus propias fotos. Los cambios tecnológicos no explican todo pero es indudable que las nuevas formas de producción y circulación de imágenes son inseparables de la reconfiguración del álbum familiar. Multiplicado, disperso, invadido por otros géneros y expuesto a través de las redes sociales, el álbum, tal como lo conocíamos, parece haber desaparecido. Sin embargo, por debajo de la aparente radicalidad de los cambios hay importantes líneas de continuidad.

El álbum multiplicado

Cada tanto mi esposa reclama las fotos que tomo a la familia. Quiere reunirlas, asegurarse que no se perderán y encontrar la manera de que podamos volver a ellas. Las fotos de familia se atesoran y pasan de una generación a otra como reliquias pero esta norma se ha vuelto incierta. Las fotos y los fotógrafos de la familia se multiplicaron junto con los aparatos que sirven para fotografiar y el abaratamiento de todo el proceso. El volumen, la estructura y las rutinas del álbum familiar estallaron. En el mejor de los casos las imágenes están dispersas en los discos duros que hay en la casa, pero también se reparten en pendrives, tarjetas de memoria y cedés, sin olvidar que muchas se confían a servidores remotos. El álbum ya no es un cuerpo que crece al ritmo de los rituales familiares. Ahora es una proliferación incesante de archivos dispersos en múltiples soportes y en colecciones paralelas de los integrantes de la familia.

El álbum en riesgo

El año pasado encontré un pendrive en la calle. Entre otras cosas contenía una carpeta con fotos de un casamiento. No eran las fotos del fotógrafo de la boda, eran fotos tomadas por alguien cercano a los novios. Quizás su propietario había tenido la precaución de respaldarlas, quizás no. La nueva materia de la cual está hecho el álbum lo hace frágil. Su conservación no está asegurada a menos que las familias adquieran hábitos de respaldo y migración de los archivos. Las fotos que guardo de mis padres cuando eran niños tienen más de setenta años y durarán muchos más. Son pocas, es cierto, y están un poco amarillentas. ¿Pero qué podremos hacer con un archivo .jpg dentro de setenta años? ¿Seguirá existiendo ese formato y los programas que lo leen? ¿Y con un dvd? Si hubiéramos guardado las fotos en discos de 5 ¼ ya no tendríamos como recuperarlas a menos que junto con el soporte hubiésemos conservado el aparato necesario para leerlo. El material digital asegura la perdurabilidad de las imágenes a condición de que tomemos precauciones contra su fragilidad y contra su obsolescencia técnica. ¿Las familias lo harán?

El álbum acallado

Las fotos de familia sirven para hablarles encima. En una situación típica las fotos pasan de mano en mano en una rueda familiar y los comentarios se disparan y se entretejen a propósito de las imágenes. Las fotos son el soporte de una oralidad familiar, de narraciones que repetidas y transmitidas entre generaciones contribuyen a la memoria del grupo. Con el tiempo, los recuerdos se confunden con las fotos y con los relatos. La vista en pantallas y a través de las redes sociales destruye este ritual sustituyéndolo por nuevas formas de intercambio. En las redes, lo que era privado ahora puede ser público. Lo que era una conversación cara a cara en un espacio íntimo es ahora un intercambio breve, no presencial y, con frecuencia, ofrecido a la exhibición.

El álbum colonizado

Las hijas de mis amigos cumplen 15 años. Miro el álbum de la fiesta. Al inicio una serie de fotos tomadas en estudio al modo de un book donde la quinceañera posa como una modelo. Bastaron unas pocas indicaciones del fotógrafo para que la niña desplegara lo que había aprendido en la televisión y en las revistas. Es de allí que proviene ese modo de comportarse delante de la cámara que ahora penetra en el álbum. Lo mismo debemos decir del fotógrafo. Descubrió una fórmula que aplica en serie a las aspirantes a modelo y a las jovencitas de quince. En la fiesta los hermanos menores posan como como futbolistas, como pandilleros y hasta como personajes de videojuegos. La intensa exposición a imágenes mediáticas y al sistema de ídolos alienta la imitación. Luego las poses se reproducen en el álbum, cambiando su estética.

A pesar de estos cambios, la afirmación de Bourdieu acerca de las fotos familiares sigue siendo cierta: “nada es más decoroso, tranquilizante y edificante que un álbum de familia”. Poco importa que hayan cambiado las reglas exteriores del decoro. Cierto desparpajo y exhibicionismo ocupan hoy el lugar de aquella seriedad, de la rigidez de las poses, de la escenificación de la jerarquía familiar. Pero ninguna verdadera sombra a la buena reputación de la familia toca el álbum. Las ocasiones de la foto familiar siguen siendo casi las mismas: la familia reunida y feliz, buenos momentos que las fotos convertirán en buenos recuerdos. Los límites de lo que puede fotografiarse permanecen incambiados. No está permitido usar la cámara en cualquier ocasión. El dolor, el fracaso y el conflicto familiar siguen excluidos del relato que el álbum construye. Las fotos de familia son, todavía, ese espejo donde deseamos vernos.

(*) Bourdieu, Pierre (comp.), La fotografía, un arte intermedio. Editorial Nueva Imagen, 1980. Versión en francés  1965.

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Este texto se publicó originalmente en el número 1 de la revista Materia Sensible, del Fotoclub uruguayo, Montevideo, 2012.

Sobre el autor
Ricardo Antúnez (Montevideo, 1964), fotógrafo, licenciado en Sociología por la UdelaR. Fue fotógrafo de La Diaria entre 2006 y 2010. Actualmente trabaja de manera independiente y enseña fotografía en TRIS.

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Un comentario en “¿Un nuevo álbum de familia?”

  1. Bien rico artículo que deja muchas puntas de reflexión.
    Seguramente hoy se tomen 100 veces la cantidad de fotos que 20 años atrás. Es raro que haya alguien que NO tenga una máquina al menos en su celular. Sin embargo, es muy probable (no lo sé!) que hayan menos álbumes que en el pasado. Como ahora nada “obliga” a imprimir, no se imprime nada, o casi nada.
    Se abarató el “click” y se ganó en posibilidades visuales y en su “democratización”. Pero ya no hay fotografías. Y como el click es barato, saco cualquier cosa, literalmente. Y luego no imprimo ni la cualquier cosa ni la buena o ingeniosa o recordable. Más tarde, ya todo es cualquier cosa. Ya hay fotos y fotos. Muchas. Pero ya no hay fotografía.

    Los soportes, todo un tema a reflexionar. La importancia de mantener un orden mínimo para así tener chance de rescatar el material frente a un cambio tecnológico radical, es muy importante.

    Acertada e interesante la cuestión de qué mostramos en nuestro álbum familiar. Salvo planteos artísticos concretos, nunca veremos lo que “no gusta” en el álbum familiar; siempre habrá quien se ocupe de hacer un “control de edición” y diga:”ésta, sacála!”.

    Salud! Y gracias por esta buena nota.

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